
XI Domingo del Tiempo Ordinario. Mensaje Dominical
El miedo de acuerdo a la Escritura no es llenarnos de valor, el miedo es confiar que estamos en las manos de Dios, confiar que la obra no es de nosotros que es de él, y es que a nadie le gusta cuando se proclama el Evangelio en muchas situaciones, por ejemplo cuando habla de vida moral, de vida interior, de la vida personal, hay que anunciar el Evangelio, y a muchos no les gusta, porque se sienten ofendidos, porque se sienten lastimados, pero eso no puede frenar el Evangelio.
El día de hoy continuamos con este capítulo 10 del Evangelio de san Mateo. Tiene 5 grandes sermones el evangelio de San Mateo, por eso se dice que este evangelio se caracteriza por lo que Jesús dijo, san Marcos por lo que Cristo hizo, pone puntualmente y con muchos matices y detalles los milagros, el evangelio de San Lucas nos habla de la ternura, misericordia, compasión y bondad de nuestro Señor, son 5 sermones, ya estamos en el segundo. Durante la semana, hemos escuchado desde hace cinco días, el primer sermón del capítulo 5, que abarca el capitulo 5, 6 y 7, sobre las Bienaventuranzas y el capítulo 10 es el segundo sermón o enseñanza que va dirigido a los misioneros, es como un directorio que Jesús recomienda, forma y conduce a sus misioneros. Hace ocho días vimos una parte, hoy otra. Hoy es como el manual para el misionero que aparece hoy que repite tres veces Jesús: ¡No tengan miedo!, tiene como dos momentos o recomendaciones. Una a no tener miedo a ser misionero de Jesús y otra, opta por Cristo y no avergonzarse de él. La primera parte la que más abarca esa enseñanza dice: “no tengan miedo” ¿Por qué? Porque el miedo paraliza, el miedo detiene, el miedo hace que se pierda muchas alegrías, muchos goces y mucho equilibrio en la vida. El miedo de acuerdo a la Escritura no es llenarnos de valor, el miedo es confiar que estamos en las manos de Dios, confiar que la obra no es de nosotros que es de él, y es que a nadie le gusta cuando se proclama el Evangelio en muchas situaciones, por ejemplo cuando habla de vida moral, de vida interior, de la vida personal, hay que anunciar el Evangelio, y a muchos no les gusta, porque se sienten ofendidos, porque se sienten lastimados, pero eso no puede frenar el Evangelio. Si por ejemplo el papá corrige a los hijos, los hijos se van a molestar, pero el papá lo tiene que hacer por formación y por su bien. Y si el esposo o la esposa le ayuda y le señala lo que no está bien en el matrimonio, si hay infidelidad, si hay vicios, si hay mentira, si hay tanta cosa, pues también hay cierto miedo, y el miedo se infunde para detener, pero de acuerdo a lo que nos dice Cristo Jesús, “No se preocupen, No teman a los que les puedan destruir el cuerpo, el alma no se la pueden destruir, siempre que hay un ataque, siempre que hay una violencia de fondo, hay una mentira, y eso se tiene que manifestar y reflejar. Hoy pues Cristo Jesús nos anima a ser misioneros, a anunciar la Buena Nueva, a anunciar el Evangelio, a anunciar la salvación y a anunciar sobre todo su presencia, su presencia como quise leer la oración la colecta porque es la base para poder entender el Evangelio. En el fundamento sólido del amor de Dios estamos nosotros, nosotros valemos mucho para Dios y aparece en el Evangelio: “Hasta los gorriones que caen, el Padre Celestial lo sabe”, ¿Qué quiere decir esto? Que ninguna lágrima, ninguna angustia, ninguna enfermedad es ajena a Dios, para él todo tiene valor, nos ama tanto que aprecia lo que hacemos, por el bien de los demás, por la alegría del Evangelio y nos da hoy valor Cristo Jesús, “¡Sigan anunciando el Evangelio!” Que nadie les frene, en su alegría por creer en Jesús por anunciar el Evangelio y por vivir en la Iglesia y en la Comunión, y unir los corazones a Cristo Jesús. Que Dios les bendiga y felicidades a todos los papás.
